¿CUÁNDO IR AL PSICÓLOGO?

Es una pregunta que puede resultar difícil de contestar, pero hay una regla que te puede ayudar a tomar una decisión y es esta:


Cuando tu nivel de malestar te impide llevar una vida con normalidad.


Sí, claro… pero… ¿qué es llevar una vida con normalidad?


A ver, todos tenemos problemas y asuntos que resolver, pero eso es la sal de la vida. Lo que nos hace superarnos, llegar al siguiente nivel para conseguir nuestros objetivos. Un nuevo empleo, quedar con alguien que nos gusta, sobrellevar una discusión sin sentirse lastimado, aceptar la muerte de un ser querido, terminar un trabajo a tiempo, resolver diferencias con la pareja o con un jefe, entenderte con tus padres o con tus hijos…


Sin embargo, nos hemos acostumbrado a vivir con unos niveles de estrés y ansiedad bastante altos y, en ocasiones, estar rozando la depresión. Las personas pasan tiempos prolongados en un mar de tristeza, desmotivación e inercia y, aun así, consiguen funcionar pareciendo que no pasa nada. Hay quien, para aguantar el temporal, tira de «orfidales», «lexatines» o «lorazepames» hasta que todo vuelve a la normalidad. Y así hasta la próxima tormenta. No critico que se haga uso de medicación para suavizar los síntomas y poder sobrellevar la existencia, pero no resuelve la raíz del problema.


Como hemos elevado el límite que define el malestar que sentimos, no lo notamos, y esto influye en no pedir ayuda. «Total, ya pasará» o «ya se superará».


No hace falta llegar hasta ese punto en el que todo se desborda o sientes que te rompes por dentro. Basta con un nivel de malestar suficiente que nos obligue a mirarnos o hablar de ello. Pero, como decía antes, si estamos anestesiados… ¿cómo reconocemos esa línea que indica que ya hay algo que va mal?

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Te pongo algunas pistas; cuando pasas la mayor parte del tiempo cansado/a, enfadad/a, irritable, con ganas de llorar, con ganas de tirar todo por la borda, discutir con facilidad, mandar a la m**** a las personas que quieres (y si lo haces con las que no tienen contacto contigo con una cierta habitualidad también da para pensar), no superas la muerte de un ser querido, poca paciencia con los demás, miedos que te bloquean…


Con esto ya es motivo para planteárselo e ir.


Sin embargo, ¿qué se hace muchas veces?


Me voy con «mi gente» al campo, a tomar unas cervezas, a reír o a llorar un rato. Me quedo a gusto y a seguir la marcha. Esto está muy bien. El apoyo social es muy importante y ayuda a sobrellevar las dificultades que se puedan tener, pero no arregla el problema de fondo y es lo que hay que resolver.


Por cierto, hay otra pista…


Cuando bromeas de un modo continuado sobre tus «desgracias».


El humor es muy bueno para coger distancia y poder reflexionar o acercarte a los problemas, pero usarlo como escudo o defensa… eso ya es otro cantar.


Por tanto… si ya sientes malestar, podría ser un motivo para acercarte y ver qué pasa. En ese caso, es muy posible que yo pueda ayudarte.


Por último, quiero añadir que lo ideal sería ir al psicólogo por lo menos UNA VEZ en la vida. Sobre todo, porque revisar los “cuartos interiores” ayuda a enfocarnos mejor, analizar nuestro modo de funcionar en el mundo y ver qué podemos mejorar en las distintas esferas de nuestra vida. Si pasamos años sin hacernos una analítica de sangre, no tenemos ningún problema en hacernos un pequeño chequeo para ver qué tal va nuestra maquinaria corporal, pero nunca se nos pasa por la cabeza el pensar que podríamos revisar también nuestra salud mental.


Si al final te lo estás planteando y no terminas de decidirte, aquí te dejo un enlace al artículo «¿Cómo elegir un psicólogo o una psicóloga?» que podría ayudarte a tomar una decisión.


Mientras… te envío un abrazo fuerte.

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