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¿POR QUÉ LAS PERSONAS ME DECEPCIONAN?



Seguro que, en multitud de ocasiones, has sentido que alguna o todas las personas de tu entorno te decepcionaban.


Es un pensamiento bastante común. Solemos pretender que el resto de la gente actúen según nuestra educación, experiencia, valores y perspectivas, pero lo cierto es que no lo hacen.


Especialmente porque cada uno de nosotros puede tener, y de hecho tiene, todos los anteriores elementos diferentes, libre albedrío y autonomía. Cuando queremos que otros juzguen una situación de la misma forma en la que nosotros lo hacemos y actúen como nosotros pensamos que es la correcta, estamos depositando en el otro unas expectativas que lo más probable es que no se cumplan. Nos decepcionan…


Este hecho, este incumplimiento por parte del otro de lo que habíamos pensado, puede causarnos frustración, desilusión e incluso enfado. «¿Cómo es posible?», pensamos, «¿Cómo no se ha dado cuenta de que lo más sensato hubiera sido…?». O bien, «¿Cómo no se da cuenta de que eso me hace daño? ¡Me ha decepcionado con su conducta!». Llegados a este punto, debemos darnos cuenta de que no podemos pretender que los demás actúen como lo haríamos nosotros mismos. Eso nos recuerda, que los demás tampoco nos pueden hacer actuar como ellos quieran.


Esto nos puede suceder, por poner uno de tantos ejemplos, porque no aceptemos a las personas como son e intentemos cambiarlas para convertirlas en algún ideal que tengamos en nuestra mente y que se adapta a nuestros deseos. No cabe ninguna duda de que eso no es correcto; de la misma forma que no es correcto que los demás traten de hacer de nosotros algo que no somos.


Es mejor amar a los demás por ser quiénes y cómo son y, si alguna persona no se comporta como esperamos de ella, entender que los seres humanos no venimos a este mundo a satisfacer los deseos de nadie, salvo los nuestros propios y siempre sin hacer daño a nadie.


En el caso de esperar algo de los demás, podemos formular una petición de nuestros deseos de manera clara y abierta, pero comprendiendo que quizá la otra persona no esté de acuerdo con lo que queremos de ella.


Sería una buena virtud, aprender a vivir con la menor expectativa posible, dado que no podemos basar nuestra felicidad en lo que hagan otros; se trata de un camino personal. Por último, pero no por ello menos importante, tenemos que eliminar cualquier sentimiento o deseo de control sobre los otros. Es un camino tóxico que conduce a la frustración, al dolor, a la soledad y, en definitiva, a todo lo contrario que solemos desear en nuestra vida y para la vida de aquellos a los que queremos.


¿ Te resuena lo que has leído?

¿Ves a las personas cómo son o cómo crees que son?

¿Te haces un lío? Por aquí estoy...


Un abrazo fuerte.

Rebeca Rogers

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